martes, 11 de agosto de 2015

LA AMAPOLA



        La amapola se presentó a la boda de su hermana con un vestidito de sevillana de lunares negros y blancos. Estaba tan hermosa que, de inmediato, todos se fijaron en ella, sin reparar para nada en Azucena, la desconsolada novia que lloraba amargamente.
        La amapola sintió tantísima lástima por su hermana, que decidió solucionarlo. Así pues, comenzó a repartir sus lunares. A las mariquitas les dio algunos, convirtiéndolas en los insectos más presumidos del campo. También las envidiosas ranas recibieron una buena cantidad, para que no sintiesen celos de las frágiles mariquitas.
        El siempre temido lince obtuvo su parte a condición de que al menos, por unas semanas, dejase de molestar a las liebres, conejos y otros indefensos animalitos. 
Paloma Parejo Hernández

        Al cabo de unas horas, había regalado hasta el último de sus llamativos puntitos negros. De pronto, el atrevido sol comenzó a reírse con tantas ganas que llamó la atención de todos.
-¡Ja ja ja ja ja! -decía-. ¡Mirad a la atrevida amapola cómo se pasea desnuda por el campo!

        Y en efecto... al regalar todos sus lunares, no se dio cuenta que se había quedado sin vestido. Entonces, terriblemente avergonzada, la amapola enrojeció y enrojeció a más no poder. Y como muchísimos años después, aún se avergüenza cada vez que alguien se lo recuerda, ella continúa cubriendo el campo de un profundo color rojo intenso.

1 comentario:

  1. ¡Qué bonita historia! Es ideal para contarla a los niños. Muchas gracias por compartirla. Un abrazo.

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