martes, 17 de febrero de 2015

EL ABECEDARIO DE DON AMADOR


                ¡Menuda sorpresa se llevó Don Amador al abrir el abecedario que utilizaba para escribir sus cuentos y poesías!
Fue justamente  al disponer alfabéticamente sus gastadas letras: a, b, c, d, e, , g, h, i, j, k, l, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, , cuando horrorizado, comprobó que le faltaban la f (efe), la  m (eme), y también la  z (zeta).

                Don Amador contó sus letras una y mil veces, hasta convencerse que, en efecto,  tres de ellas parecían haberse perdido. Las buscó entre los papeles, carpetas, cuadernillos y libros que, en completo desorden, llenaban su mesa de trabajo y las estanterías del despacho.
Imaginó que quizás se tratase de una broma que querían gastarle sus amigas, pues él siempre las había tratado con mucho mimo, esforzándose para escribir con buena caligrafía, no cometiendo faltas de ortografía o utilizando tinta de primera calidad.

Finalmente, y para no desesperarse más, decidió  que lo mejor sería olvidarlo todo y no darle mayor importancia, pues estaba seguro que muy pronto aparecerían.

Pasados uno días, Don Amador volvió a sentarse ante a su escritorio,  dispuesto a concluir sus últimos trabajos.  Con la mayor ternura posible, abrió su abecedario, convencido que sus díscolas amigas, arrepentidas por fin, ocupaban de nuevo su lugar. Pero entonces... ¡NOOOOO!!!
                El grito fue tan desgarrador que aún hoy me tiembla el lápiz cada vez que intento copiarlo.

            ¡¡¡La caja se encontraba vacía!!!
! Es cierto que sus últimos cuentos y poesías no habían sido un éxito, pero ni en sueños hubiese imaginado que se aburriesen tantísimo con sus libros como para abandonarle.

                Desde aquel fatídico descubrimiento, Don Amador no ha vuelto escribir. Ni siquiera para recordar la lista de la compra.
 Ahora se dedica a pasear por el bosque, recoger setas o retocarle los colores a las flores, mientras les cuenta ciento de historias maravillosas que ellas jamás se aburren de escuchar una y otra vez.

¡Ah! Si queréis saber qué fue de las letras, os diré que cuando se cansaron de jugar al escondite y correr unas detrás de las otras, regresaron a su aterciopelado estuche donde envejecen y se oxidan mientras esperan impacientes que Don Amador venga a buscarlas.
                Lo que yo no entiendo  es por qué a ninguna se les ocurrió invitar a Don Amador a jugar con ellas al escondite, porque entonces, seguro este cuento tendría otro final.