lunes, 17 de agosto de 2015

LA TIERRA ESTÁ RESFRIADA



Últimamente la Tierra, perdón, quería decir, el globo terráqueo que la niña Paloma tiene sobre el escritorio de su habitación, está resfriado.
...¡Es tan divertido!
Hace un par de noches se dejó abierta la ventana de su cuarto y ahora la Tierra (su globo terráqueo) se pasa el día estornudando.
... ¡Resulta tan gracioso! Porque cada vez que hace ¡AAAAACHÍÍÍÍÍÍSSS! los pececitos del mar dan enormes saltos fuera del agua. Mientras más fuerte es el estornudo, más alto es el salto que dan los pececitos y mayor es su diversión.
 Aunque, todo hay que decirlo, estos mismos estornudos no les hacen mucha gracia a los barquitos, porque provocan unas olas enormes que les hacen temer ser tragados por el caprichoso mar.

Paloma Parejo Hernández

Tampoco a la mamá de Paloma le divierten demasiado los ¡AAAAACHÍÍÍÍÍSSS! del globo terráqueo. Salpican tal cantidad de agua que dejan la habitación perdida y ya está cansada de pasarse el día agarrada a la fregona.
¡Es todo tan divertido cuando la Tierra está resfriada!
 Al menos hasta que la mamá de Paloma llamó al doctor, quien tras un exhaustivo reconocimiento  le recetó al enfermo un jarabe y una buena inyección. Con mano temblorosa,  el octogenario médico acertó a clavar la aguja en el mar Mediterráneo y entonces...
¡PLUUUUMMM!
El globo terráqueo estalló en mil pedazos ocasionando una gran inundación en la habitación de la niña Paloma y provocando al mismo tiempo, la desesperación y el enfado de su mamá que vio cómo el agua llegaba hasta la lámpara del techo.
 Para consolar a su querida hijita, papá le ha regalado un bonito Atlas, en el que también podrá descubrir los océanos, mares, ríos, lagos... Pero eso sí, para prevenir que coja frío y agarre un buen catarro, antes de nada ha forrado el Atlas con un bonito y grueso papel de colores.

martes, 11 de agosto de 2015

LA AMAPOLA



        La amapola se presentó a la boda de su hermana con un vestidito de sevillana de lunares negros y blancos. Estaba tan hermosa que, de inmediato, todos se fijaron en ella, sin reparar para nada en Azucena, la desconsolada novia que lloraba amargamente.
        La amapola sintió tantísima lástima por su hermana, que decidió solucionarlo. Así pues, comenzó a repartir sus lunares. A las mariquitas les dio algunos, convirtiéndolas en los insectos más presumidos del campo. También las envidiosas ranas recibieron una buena cantidad, para que no sintiesen celos de las frágiles mariquitas.
        El siempre temido lince obtuvo su parte a condición de que al menos, por unas semanas, dejase de molestar a las liebres, conejos y otros indefensos animalitos. 
Paloma Parejo Hernández

        Al cabo de unas horas, había regalado hasta el último de sus llamativos puntitos negros. De pronto, el atrevido sol comenzó a reírse con tantas ganas que llamó la atención de todos.
-¡Ja ja ja ja ja! -decía-. ¡Mirad a la atrevida amapola cómo se pasea desnuda por el campo!

        Y en efecto... al regalar todos sus lunares, no se dio cuenta que se había quedado sin vestido. Entonces, terriblemente avergonzada, la amapola enrojeció y enrojeció a más no poder. Y como muchísimos años después, aún se avergüenza cada vez que alguien se lo recuerda, ella continúa cubriendo el campo de un profundo color rojo intenso.

martes, 17 de febrero de 2015

EL ABECEDARIO DE DON AMADOR


                ¡Menuda sorpresa se llevó Don Amador al abrir el abecedario que utilizaba para escribir sus cuentos y poesías!
Fue justamente  al disponer alfabéticamente sus gastadas letras: a, b, c, d, e, , g, h, i, j, k, l, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, , cuando horrorizado, comprobó que le faltaban la f (efe), la  m (eme), y también la  z (zeta).

                Don Amador contó sus letras una y mil veces, hasta convencerse que, en efecto,  tres de ellas parecían haberse perdido. Las buscó entre los papeles, carpetas, cuadernillos y libros que, en completo desorden, llenaban su mesa de trabajo y las estanterías del despacho.
Imaginó que quizás se tratase de una broma que querían gastarle sus amigas, pues él siempre las había tratado con mucho mimo, esforzándose para escribir con buena caligrafía, no cometiendo faltas de ortografía o utilizando tinta de primera calidad.

Finalmente, y para no desesperarse más, decidió  que lo mejor sería olvidarlo todo y no darle mayor importancia, pues estaba seguro que muy pronto aparecerían.

Pasados uno días, Don Amador volvió a sentarse ante a su escritorio,  dispuesto a concluir sus últimos trabajos.  Con la mayor ternura posible, abrió su abecedario, convencido que sus díscolas amigas, arrepentidas por fin, ocupaban de nuevo su lugar. Pero entonces... ¡NOOOOO!!!
                El grito fue tan desgarrador que aún hoy me tiembla el lápiz cada vez que intento copiarlo.

            ¡¡¡La caja se encontraba vacía!!!
! Es cierto que sus últimos cuentos y poesías no habían sido un éxito, pero ni en sueños hubiese imaginado que se aburriesen tantísimo con sus libros como para abandonarle.

                Desde aquel fatídico descubrimiento, Don Amador no ha vuelto escribir. Ni siquiera para recordar la lista de la compra.
 Ahora se dedica a pasear por el bosque, recoger setas o retocarle los colores a las flores, mientras les cuenta ciento de historias maravillosas que ellas jamás se aburren de escuchar una y otra vez.

¡Ah! Si queréis saber qué fue de las letras, os diré que cuando se cansaron de jugar al escondite y correr unas detrás de las otras, regresaron a su aterciopelado estuche donde envejecen y se oxidan mientras esperan impacientes que Don Amador venga a buscarlas.
                Lo que yo no entiendo  es por qué a ninguna se les ocurrió invitar a Don Amador a jugar con ellas al escondite, porque entonces, seguro este cuento tendría otro final.