jueves, 18 de septiembre de 2014

EL DIBUJO DE LAS CIGÜEÑAS


        Paloma miraba con desesperación cómo en la tarde más lluviosa del frío otoño emeritense, su amiga la cigüeña, que había construido su nido sobre uno de los arcos del Acueducto de los Milagros, se mojaba sin poder evitarlo. Extendiendo sus alas, intentaba cubrir con ellas a sus crías, para evitar que  cogiesen una pulmonía.
        Desde la acera, la niña observaba angustiada aquella escena tan atroz.  
-!Lástima que a su madre le diesen tanto miedo los pájaros! -pensaba para sí misma-. ¡Bueno... los pájaros, los perros, los gatos y... cualquier clase de animales!
        De todas formas, las cigüeñas son muy grandes para meterlas en su pequeño piso sin que su madre llegase a enterarse. Además, estaban sus crías...demasiada gente!
        Paloma lloraba porque se veía incapaz de evitarle tanto sufrimiento a aquellas simpáticas aves.
 
Dibujo: Juan Ángel Parejo Hernández
        Mientras tanto, en el cálido nido, mamá cigüeña trataba de consolar a sus cigoñinos explicándoles que nada en el mundo le haría más dichosa que poder ayudar a la infeliz criatura que, parada como una estatua en mitad de la calle y bajo un terrible aguacero, las miraba con envidia, a ellas y a su confortable hogar.
        Aunque tanto insistieron sus crías, que terminaron por conmover su corazón. Resignada, emprendió un veloz vuelo y... cogiendo como pudo a Paloma, la llevó hasta su confortable vivienda.
        ¡Sí, claro que la chiquilla ahora estaba feliz, pues había descubierto que por mucho que lloviese, a las cigüeñas el agua poco parecía afectarles!

        …¡Lástima que su piso fuese tan pequeño y que a su mamá le diesen tanto miedo los animales, pues de lo contrario, alguna tarde de la próxima semana, podría invitar a merendar a tan simpática familia y enseñarle cómo es su hogar.

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