jueves, 25 de septiembre de 2014

LA HOJITA DE ROBLE



        Casi todos en el cielo estaban cansados y desesperados por los continuos lamentos de una de las estrellas más pequeñas del firmamento que soñaba, día y noche, con poder convertirse en una linda hojita de roble. 
        …Y con tal intensidad lo deseó que sus anhelos acabaron haciéndose realidad. De la noche a la mañana, se vio colgada de la robusta rama de un orgulloso roble.
        Los primeros meses de su nueva existencia le resultaron dulces y maravillosos. A la primavera le siguió el verano, cargado de vida y emociones. Tan rápido pasaban las jornadas que no le dio tiempo a prepararse para el otoño, entrando éste sin previo aviso, acompañado de sus cientos de tonalidades ocres, amarillentas y marrones, y de sensaciones inimaginables hasta entonces para la pequeña estrella. 

        También sin anunciarse, el frío viento apareció para desnudar a los tristes árboles. Desde ese momento, los días iban haciéndose más cortos y las noches parecían no acabar nunca. Por primera vez la estrellita comenzó a asustarse, sintiendo la necesidad de aferrarse a la gruesa rama con todas sus fuerzas, pues notaba cómo se hacía frágil y vulnerable.
Dibujo: Juan Ángel Parejo Hernández

        Una gélida mañana, poco antes de comenzar el invierno, una ráfaga de viento la arrancó de su querido roble. Para unos fue a caer junto a las agónicas raíces, donde no tardó en ser pisoteada por las gruesas botas de algún buscador de setas, o tal vez, de algún despiadado cazador.
        Pero yo estoy convencido que el mismo viento que cruelmente la arrancó de su rama, le ayudó a subir por los aires hasta regresar al cielo, donde continúa soñando en convertirse de nuevo en una hermosísima hojita de roble.
        Por tal motivo, y por si acaso, cada vez que en otoño entro en un bosque, tengo muchísimo cuidado de fijarme bien dónde piso con mis pesadas botas, y a vosotros os ruego hagáis lo mismo, ¡no vaya a ser que… sin daros cuenta, destruyáis para siempre una preciosa estrellita caída del cielo!
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lunes, 22 de septiembre de 2014

DOS CUADERNOS



         Dos cuadernos, uno con las pastas color rojo y el segundo con las pastas azules, aguardaban impacientes para poder ser adquiridos en los estantes de una librería.

De pronto, una buena mañana, entraron en ella un padre y su hijo de unos cinco años. De improviso, el cuaderno con las cubiertas rojas le dio un fuerte empujón a su compañero al tiempo que le decía:

-¡Anda, ve tú! ¡Ésta es tu oportunidad!

-Tú crees? –le respondió el cuaderno azul.

-¡Por supuesto que sí! Este niño parece inteligente y bien educado. Estoy seguro que te divertirás mucho con él.

         Cuando unos minutos más tarde, el cuaderno rojo vio salir de la papelería a su compañero exclamó aliviado:

 -¡Ufff! ¡Menos mal! ¡De buena me he librado! No me gustaría caer en las manos de un niño. Siempre tienen las manos sucias, solo saben garabatear y hacer dibujos muy simples y, cuando se aburren, utilizan nuestras hojas para hacer aviones o barquitos.

Dibujo: Paloma Parejo Henández


   Cincuenta años después, un viejo y desgastado cuaderno azul descansa plácidamente en la vitrina de un museo mostrando orgulloso sus páginas repletas de dibujos y poesías. Su valor hoy en día es incalculable y por eso numerosas y sofisticadas medidas de seguridad cuidan de él.

         Por cierto, una vez me contaron que un cuaderno de pastas rojas, adquirido por un contable, se volvió loco al llenarse de números y más números.  Se dice que había cifras no solo en sus hojas, sino también en los  márgenes de éstas y… ¡hasta en las pastas de su portada y contraportada!

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jueves, 18 de septiembre de 2014

EL DIBUJO DE LAS CIGÜEÑAS


        Paloma miraba con desesperación cómo en la tarde más lluviosa del frío otoño emeritense, su amiga la cigüeña, que había construido su nido sobre uno de los arcos del Acueducto de los Milagros, se mojaba sin poder evitarlo. Extendiendo sus alas, intentaba cubrir con ellas a sus crías, para evitar que  cogiesen una pulmonía.
        Desde la acera, la niña observaba angustiada aquella escena tan atroz.  
-!Lástima que a su madre le diesen tanto miedo los pájaros! -pensaba para sí misma-. ¡Bueno... los pájaros, los perros, los gatos y... cualquier clase de animales!
        De todas formas, las cigüeñas son muy grandes para meterlas en su pequeño piso sin que su madre llegase a enterarse. Además, estaban sus crías...demasiada gente!
        Paloma lloraba porque se veía incapaz de evitarle tanto sufrimiento a aquellas simpáticas aves.
 
Dibujo: Juan Ángel Parejo Hernández
        Mientras tanto, en el cálido nido, mamá cigüeña trataba de consolar a sus cigoñinos explicándoles que nada en el mundo le haría más dichosa que poder ayudar a la infeliz criatura que, parada como una estatua en mitad de la calle y bajo un terrible aguacero, las miraba con envidia, a ellas y a su confortable hogar.
        Aunque tanto insistieron sus crías, que terminaron por conmover su corazón. Resignada, emprendió un veloz vuelo y... cogiendo como pudo a Paloma, la llevó hasta su confortable vivienda.
        ¡Sí, claro que la chiquilla ahora estaba feliz, pues había descubierto que por mucho que lloviese, a las cigüeñas el agua poco parecía afectarles!

        …¡Lástima que su piso fuese tan pequeño y que a su mamá le diesen tanto miedo los animales, pues de lo contrario, alguna tarde de la próxima semana, podría invitar a merendar a tan simpática familia y enseñarle cómo es su hogar.

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