domingo, 20 de octubre de 2013

LA FAROLA



Dibujo: Juan Ángel Parejo Hernández
La única farola que dominaba la Plaza Mayor del pueblo era demasiado chismosa, y eso, en una población tan pequeña como en la que ella vivía resultaba para todos demasiado embarazoso. No tenía ningún reparo en airear los trapos sucios de cualquiera. Con sus mordaces filamentos había logrado enfrentar a unos vecinos con otros e incluso hacer que miembros de una misma familia dejasen de hablarse para siempre. Especialmente enfadado con ella se mostraba Don Ramón, el electricista del ayuntamiento, pues a él culpaban sus conciudadanos “por no saber cumplir con su trabajo y mantener a raya a la dichosa farola”.

Casi ningún vecino se atrevía a pasearse por la Plaza Mayor, y si podían, preferían dar un rodeo antes que atravesarla, para desesperación de su Excelentísimo Sr. Alcalde. Tan solo los chavales del pueblo seguían reuniéndose en la plaza para jugar.
Una calurosa noche de mediados de julio, mientras los niños disputaban un partido de fútbol, a la farola le dio por decir que Andresito estaba enamorado de Elena (la chica más guapa de la localidad) y que en secreto, le escribía poemas de amor. Las bromas y carcajadas de los demás chicos fueron tan gordas que Andrés, colorado como un tomate, sin pensárselo demasiado, sacó su tirachinas y, con su excelente puntería… !BLAAMMM!... ¡CRAAAASSSHHH!

Por si acaso, y al menos hasta que pasen las próximas elecciones, el Señor Alcalde no tiene intenciones de reparar la dichosa farola.

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