domingo, 27 de octubre de 2013

CARACOL, CARACOLITO...



El Caracol Miguelito

Está siempre asustadito.

¡No lo puede remediar...

miedo de todo le da!



Miguelito es muy  prudente.

Por temor a tropezar

y partirse en dos la frente,

despacio prefiere andar.



Sólo pasea el Caracol

las tardes con mucho sol.

Los días de lluvia, frío o nieve,

a salir, él no se atreve

de su coqueta casita.

Con tres o cuatro gotitas

teme pillar un resfriado

un cuerpo tan delicado.

Con pasitos temblorosos

deja su rastro baboso.

Le aterra no recordar

cómo volver a su hogar.



Se encierra en su caparazón

si sopla el viento guasón.

Teme que sus remolinos

(o incluso el aire más fino)

puedan llegar a atraparle

y... muy... muy lejos  enviarle.


Cuando por fin cae la tarde

se hace mucho más cobarde.

Le entra un pánico tan atroz

que su propia sombra

le parece un ser feroz.



-¿Qui... qui... quién anda por ahí?

¿Qué voces vienen a mí?



¡Pero Miguel...! ¡Miguelito!

¡Caracol... Caracolito!

¿También  las voces amigas

te provocan pesadillas?

Soy tu vecina, la hormiga...



-¡ARGGG! ¡ARRRGGG!
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