sábado, 6 de octubre de 2012

LA ROTONDA



LA ROTONDA


        El coche no para de dar vueltas a la rotonda. Es la primera vez en su vida que viene a la capital y teme tomar la salida equivocada y aparecer en La Coruña, en Valencia, o en cualquier otra parte. La rotonda, por su parte, no puede dejar de reír. Esta es su broma preferida, esconder todas sus señales e indicaciones y ver cómo un paleto vehículo de pueblo da vueltas sin cesar a su alrededor, igual que si se tratase de una atracción de feria.
        Pero al cabo de dos horas, a la rotonda se le acabaron las risas. Cansado de dar vueltas, el coche rural decidió atravesarse entre sus tres carriles y parar su motor. ¡Menudo atasco organizó! La noticia salió hasta en los telediarios nacionales:
-¿Sirve de algo una rotonda a la entrada de la capital? –Se preguntan algunos medios de comunicación.
-¿No sería mejor sustituirla por semáforos? –Añaden otros.
        ¡Qué bochorno! ¡Qué vergüenza! Ella, creada precisamente para lograr una circulación fluida, ha permitido que un triste cochecito le deje en ridículo provocando un atasco monumental. Ahora mismo lo único que puede decir es...
¡¡¡Asfalto, trágame!!!

Texto: Juan Ángel Parejo Sosa
Dibujo: Juan Ángel Parejo Hernández