lunes, 14 de mayo de 2012

LA AVISPA



L
a avispa se estaba divirtiendo muchísimo a costa de los demás. Gracias a ella, las narices de Don Julián, el jardinero del parque, crecieron considerablemente en cuestión de segundos. También y en una proporción semejante, lo hizo la oreja izquierda de Doña Paulina. Tal vez sea por el excesivo calor que venimos soportando desde  hace días (¡yo no lo sé!), pero lo cierto es que la avispa estaba resultando demasiado molesta e insoportable.
                ¡De pronto!... Me di cuenta que el pequeño insecto fijaba su atención en un nuevo objetivo: Un enorme globo rosa en forma de corazón que un papá acababa de comprarle a su querida niñita. Hasta él fue volando a toda velocidad con su afilado aguijón preparado.
                Yo me tapé las orejas y conté, pues estaba seguro que en pocos segundos oiría una enorme explosión:
-¡Cuatro, tres, dos, uno… ¡ ¡PLAAAMMM!
-¿Eh, qué ha pasado? ¡Algo ha fallado! ¡Querrás decir BLUUUMMM! Como hacen todos los globos cuando accidentalmente explotan.
-¡No, no… PLAAAMMM! ¡Y bien fuerte! Que así sonó el enorme tortazo a dos manos que  le soltaron a la avispa. ¿O es que acaso alguien puede creerse que el papá iba a dejar que un diminuto insecto estallase, así por las buenas, el globito de su pequeña?

¡PLAAMMM… (por las narices de Don Julián), PLAAAMMM… (por la oreja izquierda de Doña Paulina) y REQUETEPLAAAAAMMMMM (por el globo en forma de corazón que a punto estuvo de hacer estallar).

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